Según reflejan sus paredes, la Iglesia levantada en honor a la Virgen de la Luz está datada del año 1739. Junto a esta inscripción, se encuentran también las imágenes de los tres arcángeles y del ángel de la guarda, acompañadas por el nombre de los posibles devotos patrocinadores de su construcción.
El recinto sagrado, cuenta con una nave central y dos laterales, comunicadas entre sí por un arco de medio punto. La titular, la Virgen de la Luz, preside el altar y otras imágenes de escayola rodean el templo. Las voces populares cuentan además que, antes de que la iglesia fuera destruida durante la II República, tabicaron las capillas laterales para ser utilizadas como despensa, con el fin de almacenar víveres de racionamiento. Incluso, en el altar mayor, llegó a construirse un horno de cocer pan y todos los útiles o ajuar de tipo religioso fueron quemados, entre ellos, la imagen de la patrona.
A partir de ese momento, los entonces Marqueses de Villareal se convirtieron en los benefactores de la comunidad religiosa de El Estrecho. Ellos fueron quienes regalaron a los vecinos una nueva talla de la Virgen a la que dedicar nuevamente sus plegarias y oraciones. Sin embargo, la única actividad eclesiástica que podía celebrarse en este recuperado templo eran las misas de los domingos, por lo que aquellas parejas que decidían casarse o bautizar a sus hijos tenían que desplazarse hasta la iglesia de Balsapintada. Todo esto ocurrió hasta mitad de los años 50 cuando el templo de El Estrecho empezó a oficiar actos litúrgicos con asiduidad.
El 21 de marzo de 2004, la Iglesia de la Virgen de la Luz es nuevamente restaurada gracias a la colaboración de todos los feligreses y de los mayordomos que, en ese entonces, velaban por el mantenimiento de tan querido patrimonio. Fue así como se logró construir un camarín para la Virgen, arreglar la sacristía y la plaza principal.
En el 200 aniversario del templo, la patrona de los estrecheros fue coronada por el vicario general de la Diócesis de Cartagena, Miguel Ángel Cárceles, siendo los padrinos de ceremonia, su mayordomo, José Mateo y la alcaldesa de Fuente Álamo, Mª Antonia Conesa. Esta nueva corona, revestida con baño de oro, fue regalo de todo el pueblo del Estrecho con el fin de homenajear a su santa protectora.
Ramón Campillo “El Púa” fue quien donó a la iglesia el pie y la cruz de piedra que, desde 1902, se halla instalada en la plaza de la Iglesia y que se ha convertido en un emblema para la comunidad vecinal.
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